Lágrimas Negras

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Lágrimas Negras

Mensaje  Avada Kedavra el Lun Jun 08, 2009 12:30 am

Título: Lágrimas Negras
Clasificación: T
Género: Drama/Angs/Dark
Longitud: One Shot
Personajes Principales: Harry Potter-Voldemort
Advertencias: Ninguna



Final Alternativo para las reliquias mortales. Harry se toma de forma diferente el hecho de ser un Horcrux. ¿Qué es lo que podría haber pasado si esto ocurría?

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Última edición por Avada Kedavra el Lun Jun 08, 2009 4:22 am, editado 1 vez

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Re: Lágrimas Negras

Mensaje  Avada Kedavra el Lun Jun 08, 2009 12:43 am

-*-*-*-*-

Harry salió rápidamente del pensadero y en cuanto sus pies tocaron suelo, estos se tambalearon, haciendo así que el chico perdiera el equilibrio y cayera.

Aunque no se levantó. Varado en el suelo del despacho del antiguo director, la nueva información que había pasado enfrente de sus ojos lo había dejado abrumado.

“La verdad puede ser a la vez horrible y maravillosa” había dicho su ex director. Tenía que decir, en estos momentos, que sus palabras eran totalmente ciertas, a diferencia de todas las que había estado predicándole en su vida.

El director nunca le había mentido, de hecho, en cuanto hablaba, de sus labios solo salían palabras verdaderas, por las cuales él siempre había admirado al anciano. Pero Dumbledore había cometido un error mucho mayor que el mentirle a un adolescente.

Harry se acomodó y quedó sentado en el piso, con las manos rodeando a sus rodillas. Un agujero invisible se había abierto dentro de su pecho, el cual iba de a poco tomando parte de su ser y le causaba una punzada agonizante.

Le habían traicionado, le habían mentido, durante cada minuto de su vida, y él no había sido lo suficientemente listo como para darse cuenta. Había sido estúpido, había sido idiota. No había podido ver más allá que de su visión de Gryffindor, y pensándolo bien, había factores que habían generado eso. Había dejado que lo manipularan, que pudieran moldearlo como quisieran, para así poder crear un joven de tan solo diecisiete años que tras tanto de batalla y tras ver pasar por todo ello, se sintiera obligado e inspirado a sacrificarse para los demás. Porque ese era su destino, terminar muerto.

Una lágrima cayó por uno de sus ojos verdes, quienes miraban a través de la ventana la gran cantidad de estrellas incrustadas en el cielo. Lo único que siempre había querido era poder vivir normalmente. Qué no lo usaran, que no lo miraran y no tener a nadie que esté tras él, atentando contra su vida.

Dumbledore le había dado esperanza, le había enseñado que la maldad podía ser combatida.

“Pero también te dijo que para lograrlo se necesitaban sacrificios” le recordó una voz en su cabeza. Apretó con fuerza los dientes y sacudió la cabeza con rabia. No lo creía, ¿Para qué pelear por un mundo en el que ni siquiera podrás vivir luego?

Asió sus manos con fuerza, enojo, rabia, odio. Todos y cada uno de esos sentimientos se juntaban y crecían en su cabeza, mientras que ésta intentaba asimilar lo que ocurría. Era injusto, eso era, pensó. ¿Por qué debía de pasar él por todo ello? ¿Por qué no podía otro ser el que tenía que sacrificarse para el bien de todos menos de si mismo? Pensar de esa forma estaba mal, era egoísta, o por lo menos era lo que le habían metido en la cabeza.

Harry se levantó. Miró su reloj y notó que solo le quedaba media hora. Fue hacia la ventana y apoyo la frente en el frío vidrio mientras miraba hacía los jardines de Hogwarts, en donde los miembros de la Orden del Fénix y alumnos autocombocados esperaban impacientes a la batalla… o a que él se entregara.

Sabía que algunas de esas personas lo apreciaban y cuidaban de él, pero también tenía que ver la historia desde otro punto de vista: el era el niño que vivió. Para muchos, un chico que se ha enfrentado reiteradas veces al lord tenebroso y que por esa simple razón creían que él debía arriesgarlo todo para salvarlos a ellos. Lo incitaban, pero ninguno tenía el valor de hacer ese trabajo por si mismos. Nadie en toda la comunidad mágica se planteaba el ponerle cara a Voldemort, ya que eso era algo que debía hacer un niño que desde los once años estuvo, de alguna forma, estimulado a hacerlo.

Cerró con fuerza los ojos mientras en su interior combatían miles de pensamientos, cada uno intentando tomar forma y dirigir al chico. El conflicto se basaba simplemente en el: ¿Qué voy a hacer?

Tanto peligro… y recién ahora se daba cuenta: no quería morir. No ahora.

Podría ir y entregarse para luego ser asesinado y dejar vía libre a que alguien más complete la misión. Pero… ¿Quién sería ese alguien que se ocuparía del lord? ¡Nadie se ponía en su lugar! ¡Nadie tenía pensado el acabarlo por una vez por todas!

Si dejaba que Voldemort lo matara, este seguiría siendo inmortal gracias a Nagini y aún si ésta moría, el Lord tenebroso era extremadamente poderoso y temido como para tener un enemigo. Y si el escapaba… aunque mataran a la serpiente, un Horcrux quedaría suelto, él mismo.

En un ataque agarró un instrumento localizado a su lado en una mesita antigua, se dio vuelta y lo tiró con todas sus fuerzas hacia la pared opuesta, en donde le dio a uno de los cuadros, en donde el huésped gritó alertado en cuanto el objeto perforó su tela.

Sacó su varita y caminó agresivamente hasta estar enfrente del retrato de Dumbledore. Estaba destrozado, se sentía traicionado y triste, su mundo era una contradicción entre lo que le habían enseñado que debía de hacer y entre lo que él quería.

-¿Por qué me engañaste así?-preguntó.

El Dumbledore del cuadro lo escrutó, viendo su reacción. Parecía algo sorprendido, pero luego su rostro pasó a comprensión.

-Era… por tu bien, no creía que fuera yo quién debiera decírtelo.

-Mentira- lo acusó- Fuiste al final tú quien me lo dijiste, aunque haya sido un recuerdo. ¿Por qué esperar? ¿Por qué decirme que una de las causas por las que Voldemort está vivo soy yo mismo? “Uno no podrá vivir mientras el otro siga con vida” Me enseñaste todo su pasado para así poder destruir los Horcruxes, matarlo y poder cumplir la profecía. Lo único que no de la forma de la que pensé. Voy a cumplirla, pero no peleando, sino que sacrificándome para que alguien más haga un trabajo que nadie se atreverá a llevar a cabo.

-Para lograr cambios…-comenzó Dumbledore.

-Hay que hacer sacrificios-completó Harry- lo sé, y ya me lo has dicho, y sinceramente no me importa. Podría perder un brazo, un pie. ¿Pero para que luchar contra algo que aún seguirá con vida a pesar de suicidarme?

-Piensa en los demás.

-¡A la mierda los demás!- gritó exasperado- ¡Siempre los demás! ¡Hay que hacerlo por ellos! ¡Por la felicidad de los otros! ¿Y yo qué Dumbledore? ¿Acaso tengo derecho a ser feliz, a poder hacer lo que yo quiero?

Por un momento el director pareció quedarse sin palabras. Luego de unos segundos, Harry vio como una lágrima caía por la pintura.

-Lo siento.

-Cuando apresaron Sirius ni siquiera le diste una posibilidad de duda, luego cuando lo había vuelto a tener, gracias a tu manía de ocultarme cosas este murió y me dijiste lo siento. Estuve furioso, pero logré perdonarte porque pensaba que yo tenía la mayor culpa. Luego vino todo el teatro de sexto año, y ahora esto, ¿quieres pedirme perdón por tus errores? Puedo hacerlo una vez, lo hice dos, cuando creí que habías cometido un error al confiar en Snape. Pero no una tercera, no cuando al fin sé lo que tramaste y lo que me causará.

-Voldemort no podrá ser detenido- me avisó.

Harry clavó su vista en el cuadro a medida que pensaba en sus amigos, en la desilusión que les causaría, aunque seguramente no sería mucho, ya que si hacía lo que Dumbledore le suplicaba no pensaba que vivirían mucho más.

Además, ¿Qué podía importar, si aunque hiciera lo que le pedían no estaría para disfrutarlo después?

-Ya nada me importa-respondió. Alzó la varita y murmuró- Incendio.

El cuadro explotó en fuego, mientras que su habitante corría por su vida.

En cuanto quedaron solo cenizas, Harry vislumbró por un buen rato el lugar. Suspiró. Echó una hojeada al reloj y vio que le quedaban quince minutos.

No sabía que hacer, y su cabeza le dolía cada vez más.

No tenía mucho tiempo, debía pensar.

Paseó su mente por los pensamientos recientes, Remus, Tonk, Fred… y muchos otros que también fallecieron ese día. Muertos estaban… y ya no podía hacer nada, lo había aprendido con la experiencia de Sirius.

Pensó luego en Hermione… Ron… Los únicos amigos que había tenido… ¿Pero que ganaba él con entregarse a la muerte cuando sabía que todos y cada uno de ellos sufrirían el mismo destino? Porque sabía que era así, Voldemort no sería detenido. No tenía ganada la batalla, sino la guerra.

Paró unos momentos y se concentró en encontrar a Voldemort. Quería saber su ubicación, era mejor tener todo preparado.

Todo sentido desapareció, para luego estar parado enfrente de una horda de mortífagos en medio del Bosque Prohibido. Y era cualquier parte, sino el lugar en donde Aragog antes había estado.

“Sabía que vendrías Potter, aunque nunca imaginé que de ésta forma”

Harry casi salta del espanto por ser descubierto e inmediatamente intenta retraerse para salir de allí, pero algo o alguien se lo estaba impidiendo.

“Te pedí que vinieras. No creas que te dejaré ir”

Harry gruñó.

“Vete al infierno”-le respondió Harry.

“No cambiamos en nada Potter, ahora, hazme la gracia de rebelarme que harás.”

“No sé de qué me hablas” respondió el chico sinceramente.

“No creas que eres el único que tiene acceso a los pensamientos del otro” Harry tragó saliva.

“¿Qué viste?”

“Todo, y debo comentar que la parte en la que prendes fuego el cuadro de Dumbledore fue mi favorita”

Harry presionó los dientes, y masculló mentalmente.

“Deja de dar vueltas y dime que es lo que quieres, bastardo.”

“Me gustaría saber de donde sacaste semejante actitud y lenguaje.”

“Pregúntale a los Dursley, ellos me criaron.” Le espetó el niño que vivió, ya harto.

“Vengo a hacer un trato”declaró Voldemort. “Lo último que he visto a través de tu cabeza ha cambiado el curso de mis planes en varios niveles.”

“¿Trato? ¿Qué tipo de trato?”

“Úneteme”

A lo lejos pudo oír su propia risa. Esto era inverosímil.

“¿Estas intentado ser gracioso?” eso era lo último que esperaba de Voldemort. De hecho, nunca se lo hubiera planteado.

“Protejo mis intereses” se limitó a decir Riddle. “y sabes cual es uno de ellos.”

-No escuches a Voldemort, Harry- le indujo la voz de Dumbledore a lo lejos.

“Al parecer el viejo logró escapar del cuadro” explicó el señor de las tinieblas. “Siento que quieres responder, dejaré que vaya tu conciencia al despacho, pero seguiré aquí, en tu mente.”

Harry parpadeó varias veces y al final se dio cuenta de que volvía a tierra, a su propio cuerpo. Aunque no estaba tranquilo, sentía la presencia de Voldemort en su interior.

-¿Dónde has estado, Harry?- lo acusó el ex director.

El joven lo miró enojado.

-¡Ya te lo dije! ¡No te haré caso!-le respondió.

“Entonces házmelo a mi.”

“Mataste a mis padres, y a Cedric y a Sirius y muchos más. Ahora mismo uno de la familia Weasley ha caído y también lo más cercano que tenía a un padre o amigo.” Le recordó.

“Y si haces lo que quieren obligarte a hacer no solo todos ellos se perderán, sino también tu vida”

“No es el punto” respondió suspirando.

“Pides felicidad, pensaste en tu vida y querías el poder ser capaz de tomar tus propias decisiones, de poder elegir lo que quieres. Porque Harry” al chico le extrañó que utilizara su nombre” eso es lo que te han hecho, no te han obligado a hacer lo que no quieres y subyugarte, te hicieron creer que lo que en realidad deseas son cosas diferentes.

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Re: Lágrimas Negras

Mensaje  Avada Kedavra el Lun Jun 08, 2009 12:44 am

Cuando Harry se preparó para protestar Voldemort continuó.

“¿Todo por qué? Para evitar que te rebeles niño” el chico quedó en silencio, pidiendo explicación” Dime Harry, ¿Qué tan diferentes somos uno del otro? ¿Qué es lo que nos marcó?

“Los Dursley” respondió.

“¿Acaso crees que Dumbledore te envió allí solo por la protección? ¿Acaso no podría haberte ocultado con otra familia? Hay miles de métodos para hacerlo y muchos de ellos habrían funcionado.

La verdadera razón, es que te hicieron sumiso. ¿Acaso crees que fue coincidencia que Hagrid fuera la persona que te recogió en esa miserable casa, cuando normalmente los que no han estado en contacto con el mundo de la magia son visitados por profesores? Los adorabas. A todos. Hagrid, Dumbledore. Los tomabas como tus salvadores, aquellos que te sacaron del infierno que habías vivido durante diez años. Creías en ellos porque eran los primeros en darte respuestas a tus preguntas. Todo era un perfecto plan, uno bien elaborado. Piensa luego un rato, si no te hubieras encontrado con esa desgracia de Weasley, ¿en que casa hubieras estado por ejemplo?”

“Slytherin” respondió sin pensarlo.

Era obvio, y no sabía como no lo había visto. Si era cosa del destino o mano humana era algo que desconocía, pero en algunas cosas tenía razón. ¿Qué diferencia tenía su crianza con respecto a la de Tom Riddle? Maltratado desde pequeño, sin muestras de afecto, abandonado por unos padres que habían muerto y con solo el conocimiento de que no lo querían. La única diferencia fue que Tom no dejó que le dirigieran la vida. Se propuso sus propias metas, a pesar que terminaran en semejante camino.

Harry buscó en su mente y pensó en como habría terminado si se hubiera encerrado como Voldemort, si hubiera sido el mismo.

Pensó en un primer año distinto, aquel en donde aceptaba la oferta de Voldemort de unírsele. Quizás por odio, por aquel que sus tíos le habían generado. O por ser mejor. Quién sabe.

Y ahora siete años después, en una situación distinta, quería dejar de lado todo, esta vez por traición, manipulación y nuevamente, querer hacer lo que verdaderamente deseaba.

Todo dictador en algún momento cae por la gente que alguna vez oprimió. Dumbledore tenía razón, aunque debería de haber tomado su propio consejo.

“En las antiguas civilizaciones los sacrificios eran moneda común y se tomaba correctamente. Nosotros decidimos que está bien y mal, Harry, la cultura, es la que lo decide, y yo, intento crear una nueva.

Apretó los puños, sentía dolor, si pero no físico, esto era algo psicológico. Su corazón le decía que Voldemort estaba mal, sí, estaba seguro, pero su mente se contraponía, no quería morir, no, no quería. Y mucho menos, convertirse él en asesino.

“Déjame ir” le dijo al Lord.

“Tienes diez minutos para pensarlo, sal de ahí y dirígete hacia donde se encuentra la tumba del viejo, creo que lo que te propondré no será algo que elijas declinar y sino…, terminaremos esto de una vez por toda.”

Y con eso el señor de las tinieblas lo soltó.

Harry cayó todo sudado y respirando agitadamente, se levantó y se propuso salir de allí.

-Harry- se dio vuelta, Dumbledore lo miraba desde uno de los cuadros de los ex directores y por primera vez, imploraba y temía.- sea lo que te haya dicho o que pienses hacer… no lo hagas. Imagínate a todos los que decepcionaras, piensa en lo que puedes llegar a causar.

-Director- lo cortó el joven-Usted me habla de decepcionar. ¿Decepcionar? Todos me decepcionaban ¿Y acaso yo no puedo devolverles el favor? Lo que haga dejó de ser asunto suyo. Así que hágame un favor y desaparezca.

El chico se dio vuelta, perturbado, pero decidido.

Mientras tanto, por los ojos de Dumbledore caían lágrimas. Es verdad que él no era la persona en sí, pero aún no podía contenerse. De todos los errores que había cometido en su vida, este, seguramente, era el peor.

Y lo que más lo preocupaba, era que después de tantos acontecimientos fallidos no había aprendido la lección, siquiera luego de muerto.

- -

-¡Harry!

El chico mencionado se sobresaltó. Tanta paz lo había abrumado, ahora un simple grito le parecía demasiado escandaloso. Se giró y vio a Neville que se aproximaba, todo sudoroso y lleno de miedo.

-¡Donde habías estado! El colegio entero está loco y las tropas de Voldemort deberían de empezar a llegar en minutos si tu no…- cortó la frase.

-Iré Neville- solo dijo Harry.

El chico de cabello castaño lo miró preocupado, pero algo le decía que también se encontraba un poco más aliviado.

A Harry se le hundió algo en el estómago y una simple pregunta se formuló en su cabeza. ¿Cómo se sentirían sus amigos en cuanto a esto? ¿Preocupados, pero a la vez aliviados? ¿O de verdad serían capaces de decirle que no se le ocurriera ir?

Sí, decía una voz en su cabeza, todos pensarían que al fin el se arriesgaría para salvarlos… ¿por qué eso hacía un Gryffindor no?

El problema es que quizás no fuera tan Gryffindor como todos pensaban.

-Ten cuidado- fue lo único que le dijo al chico enfrente de él, para luego esquivarlo y seguir caminando.

¿Y si decía que no iría porque el presentarse ante Voldemort era suicidio?

Ya podía verlo, podía observar los rostros de sus compañeros, profesores y miembros de la orden. Que él estaba en lo correcto, y que no importaba, que seguirían luchando. Pero Harry sabía que en fondo, decepcionaría a todos, les plantaría el terror de que él no lo haría. Y como estaba marcado solo él para acabar con cierto Lord, darían la batalla por perdida.

Caminó un poco más rápido, el enojo lo llevaba. Estaba en el infierno, y en el modo más literal posible.

Con la capa de invisibilidad pasó desapercibido ante todos y empezó a circundar los jardines de Hogwarts, dando vuelta a este para llegar hasta la tumba. Era increíble como al pasear por el lugar, la noche parecía tranquila, casi un sueño; pero la tensión era aplastante, la magia que fluía como un río enorme, siseante y del que no se conocía su final.

Sacó su varita y entre los últimos minutos, mientras recordaba lo que había pasado durante el año, vio el monedero y se acordó de la Snitch.

La sacó y las palabras: “me abro al cierre” lo sacudieron bruscamente.

En la situación en la que se encontraba era increíble vislumbrar como tales palabras cobraban sentido.

Posó la pelota dorada en sus labios y susurró:

“Estoy a punto de morir”

Y como había previsto, la cubierta de metal se abrió. Los rayos de luz proyectados por la luna dejaron ver la piedra negra, divida por una rajadura.

La piedra de la resurrección, aquella que podía traer, no de forma completa, a quienes una vez habitaron el mundo terrenal.

Luego de mirarla unos momentos la apretó con fuerza, y mientras los ojos verdes le brillaban, la arrojó lo más fuerte posible hacia el bosque prohibido.

Suspiró y siguió su camino. Una lágrima cayó por su mejilla y furioso se la sacó de allí. La pregunta de porque había tirado un artefacto con el cual quizás podía haber visto a las personas que amaba, era algo que hasta Harry se cuestionaba.

Pero aún así, la razón que tenía para hacerlo había dejado de lado lo último.

Tenía problemas con sus amigos, con la comunidad, con Voldemort, con su moral y con si mismo. El agregar a las personas que habían muerto, no solo le daría un desequilibrio en sus sentimientos en ese momento tan crucial, sino que terminaría confundiéndolo más de lo que ya estaba. Además, Harry no estaba seguro de ser capaz de soportarlo.

Su corazón estaba desecho, partido en más partes de lo que alguien debería de tener permitido. Si la muerte era algún tipo de descanso, ¿por qué no entregarse a ella?

Miró hacia el cielo y pensó en ello. Imaginó cuando viera a todos aquellos que una vez había amado, pensó en cuando le reprocharan el no seguir luchando, entregarse y dejar que Voldemort hiciera de las suyas.

Sería soportar lo mismo que en la vida, solo que aguantarlo durante toda la eternidad.

Un escalofrío recorrió su cuerpo ante tal pensamiento. ¿Acaso no había algún lugar en donde pudiera ir y nadie lo viera como el niño que vivió? No como una persona que tiene la obligación de acabar con el mago más poderoso del mundo, o como un fraude que los decepcionó y los dejó abandonados.

Caminó más lento y pensó en las palabras de Voldemort en el despacho. ¿Unirme a él? ¿Por qué? El hecho de que el chico llevaba en si una parte del alma del lord seguramente jugaba un papel crucial en ello. ¿Pero que más? ¿De qué utilidad le sería él?

Sonrió tristemente y pensó que las únicas personas que no lo consideraban como el elegido y todopoderoso. Eran justamente sus enemigos. ¿Pero valía la pena el entregarse a esto? ¿Valía el darle la espalda a todo lo que una vez creyó?

Levantó un poco la mirada y vio que había llegado. Mientras Harry avanzaba hacía el lugar, Voldemort lo escrutaba desde la tumba, con la varita entre sus manos.

-Es bueno ver que viniste-comentó.

Harry sacó su varita, pero solo la mantuvo a su lado, por si acaso.

-Dime lo que quieras decir, voy a escucharte- indicó solemnemente, no se creía que esas palabras habían salido de su boca. Pero en síntesis, lo había hecho, y era momento de escuchar.

-Lo que diré ya lo sabes, te propongo el dejarte entrar en mi lado. Pero no solo como un mortifago, creo, que para ti encajaría un lugar más alto en la cadena alimenticia.

-¿Por qué?-preguntó.

-Una de las razones ya la sabes, y otra, es que si no recuerdas, puedo entrar en tu mente, Potter.- Harry tragó saliva, como odiaba ser un libro abierto- se lo que quieres y yo puedo dártelo- Harry iba a protestar, pero Voldemort levantó una mano, lo detuvo y siguió.- Dime Harry, ¿Cuándo te he mentido? ¿Alguna vez, en todos nuestros encuentros, a pesar de… las circunstancias, te he contado algo que no sea la pura realidad? Y dime lo que te ha hecho Dumbledore, te convirtió e el perro perfecto, aquel que obedece tanto las ordenes directas como indirectas. Dime, si… tu supervivencia Slytherin, podríamos llamarle- Harry creía que le hablaba del Horcrux- no hubiera tomado papel en tu mente y fueras tanto Gryffindor como de alma y corazón. ¿Dónde crees que estarías? ¿A dónde crees que te hubiera llevado las manipulaciones del viejo loco?- preguntó mientras golpeaba la tumba tras él.

Harry suspiró. Sabía donde estaría en esos momentos, tirado en el suelo, con los ojos en blanco y totalmente muerto.

Veía a donde quería llegar Voldemort. Al final, éste deseaba el tenerlo en su lado con el mismo fin que Dumbledore.

El Lord lo hacia mediante promesas de poder y de darle aquello que nunca tuvo. Dumbledore jugaba a ser el jefe de la luz y todo aquello que hacia era “por el bien común”. ¿Acaso no podía tomar una posición neutral en la maldita guerra y terminar con todo?

No, y lo sabía. Si fuera cualquier otro, quizás, pero no siendo el endemoniado niño que vivió o Elegido. Hizo una balanza y pensó; Voldemort mató a sus padres, a Cedric, a Sirius y a muchos más. Dumbledore le mintió, le engañó e incluso tuvo la culpa de que varias de esas personas muertas estuvieran así. ¿Qué hacer? El lado de la luz lo había traicionado. EL oscuro le había quitado aquello que quería. ¿Qué pesaba más en la balanza?

Levantó firmemente la vista. Sus ojos verde esmeraldas se reflejaban en el vivo rojo de Voldemort. Ésta había formado en su rostro una especial sonrisa, o quizás podría llamarle mueca. Sabía lo que el chico iba a decir.

-Me uniré a ti-sentenció.

La noche pareció helarse. El momento se selló y el mundo pareció pasar a ser un abismo de silencio.

La guerra estaba ganada.

-Eso, Harry- el chico no perdió detalle de cómo su nombre había sido dicho con complacencia- es lo más inteligente que has decidido en tu vida. Ahora…creo que hay algo que me gustaría discutir. Acércate.

El chico todavía receloso, se acercó con precaución.

-¿Estarías dispuesto a un hechizo desmemorizante?

¿Y eso a que venía?

-¿Para qué?- pregunto estupefacto.

-Te conozco Potter, y mi bando… no es una pradera verde con mariposas, si vas a venir a mi lado, quiero pensar que lo harás bien, que no me traicionarás. No creo que lo hagas, mientras que yo cumpla con lo que vayas a pedir, o has dicho. Pero digamos… que te aliviara en algunos aspectos.

-¿Qué quieres hacerme olvidar?- preguntó.

-Todo aquello que te impide cumplir con tu trabajo- respondió simplemente- lo que tenga que ver con tu moral, en algo simple, casi todo acerca de tus amigos.

-Los olvidaré… a todos…

-Mi trato es éste- propuso el lord- borraré tus memorias y en dos años, volverás a recuperarlas.

-¿Y para que me serviría eso?

-Para que dejes de ser un chiquillo de mente cerrada. Para que de una vez entiendas ambos lados de una guerra. No puedes pelear en ella si no sabes porque y contra que peleas, Potter.

Lo pensó y preguntó.

-¿Lo harás?

Harry discernió las posibilidades. En todo lo que podría perder, causar… pero era esto, muerte o más muerte.

Y quién sabe, a lo mejor, desde un principio estaba destinado todo a terminar así. Asintió con la cabeza, confirmando que estaba de acuerdo con el plan.

-Excelente, ahora, es momento de que comencemos con el plan.

Harry miró al rostro del hombre enfrente de él. Tenía levantada la varita. Pensó en la guerra, en las batallas. Inglaterra ya estaría sumergida en las tinieblas.

Sus pensamientos divagaron por su mente, mientras fuera capaz de tener sus recuerdos. No sabía si Voldemort cumpliría su palabra de los dos años, pero a estas alturas ya no le importaba demasiado. ¿Volver a recordar que había dejado a todos?

Quizás no era la mejor idea. Pero ya no podía hacer nada.

-¡Obliviate!-escuchó decir al señor de las tinieblas antes de caer en la mayor de las profundidades. No sabía si había hecho bien, ya que el idealismo de semejante palabra a estas alturas, para él, era muy subjetivo. Lo único que le preocupaba era que a lo mejor, ahora, podría comenzar una nueva vida. Sin importar de que clase.

Simplemente, ya no quería ser Harry Potter, y estar marcado por la cicatriz.

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Me despido. Y como siempre. ¿Puedo pedir algún review?

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